


Y he aquí otra cosa que llevó acabo Titlahuacan, hizo algo que resultó un portento: se transformó, tomó rostro y figura de un Tohuenyo.
Andando nomás desnudo, colgándole la cosa, se puso a vender chile, fue a instalarse en el mercado, delante de palacio.
Ahora bien, a la hija de Huémac, que estaba muy buena, muchos de los toltecas la deseaban y la buscaban, tenían la intención de hacerla su mujer.
Pero a ninguno hacía concesión Huémac, a ninguno le daba su hija.
Pues aquella hija de Huémac miró hacia el mercado y fue viendo al Tohuenyo: está con la cosa colgando.
Tan pronto como lo vio, inmediatemente se metió al palacio.
Por esto enfermó entonces la hija de Huémac, se puso en tensión, entró en grande calentura, como sintiéndose pobre del pájaro -miembro viril- del Tohuenyo.
Y Huémac lo supo luego: ya está enferma su hija.
Dijo entonces a las mujeres que la cuidaban: "¿Qué hizo, qué hace? ¿Cómo comenzó a entrar en calentura mi hija?" Y las mujeres que la cuidaban respondieron: "Es el Tohuenyo, que está vendiendo chile: le ha metido el fuego, le ha metido el ansia, con eso es que comenzó, con eso es que quedó enferma..."
A lo cual dijo Huémac:
"Venga acá a toda prisa".
Apresurados fueron los toltecas a traer al Tohuenyo. Lo hicieron venir ante el señor.
Dijo luego el señor: "Tú has despertado el ansia a mi hija. tú la curarás".
Y cuando el Tohuenyo entró a verla, luego cohabitó con ella, y con ésto al momento sanó la mujer. Enseguida se convirtió en el yerno del señor.
Narración erótica náhuatl, en León Portilla, 1959.