lunes, abril 28, 2014

Tláloc y su monte.

Planear nunca ha sido uno de mis puntos fuertes, aunque gracias a eso he descubierto lugares asombrosos y poco conocidos.
La historia se repitió una vez más y el plan original se convirtió en una aventura de exploración en un monte que no se encuentra lejos de la Cd. de México.

Cuando escuché por primera vez sobre el Monte Tláloc, nunca lo relacioné con otros montes como el Telapón que es en realidad un volcán extinto, "El Papayo", "El Tlamacas"," El Tejolota", de los cuales ya había leído en el pasado.

Esta aventura inesperada me llevó al Monte Tláloc que se encuentra camino al Molino de las Flores en Texcoco, Edo. de Méx. Hay que pasar la zona arqueológica del "Tecotzingo", de la cual ya hablé en este blog, y después se sigue por unas calles de subidas y subidas hasta llegar a la entrada del "Parque Nacional Zoquiapan y Anexas" que es un conjunto de ejidos en pleno bosque de la Sierra Nevada.

No iba preparado para el largo camino de terracería en el que no hay otra cosa más que árboles y tierra. Es un trayecto de unas 2.5 horas más o menos de ida y otras tantas de regreso, en auto. Pero vale la pena. Si uno quiere también hay donde quedarse y pasar la noche en medio del bosque. A mitad de camino se encuentran unas cabañas que son atendidas por un chavo muy agradable y platicador. Se puede comer ahí o sólo surtirse de alimentos, como las suculentas maruchan que preparó, ja,ja.
Avanzando por el camino de terracería llegamos a un amplio espacio donde dejé el vehículo. De ahí en adelante hay que ir monte arriba. El camino está indicado por escalones hechos por el humano y sólo es cuestión de irse derecho, no hay pierde.
 
El paisaje es indescriptible, desde la cima se pueden admirar los dos volcanes Popo e Izta, al igual que el Pico de Orizaba, el Telapón, El Papayo y todos y cada uno de ellos. Ésto se debe a que es un punto de unión entre el Estado de México, Tlaxcala y Puebla. Por ser un lugar boscoso el clima es algo que no se puede prevenir, y en cualquier momento Tláloc se puede hacer presente con lluvia e incluso lo que se llama "aguanieve" que es como granizo pero aguado.

 Como es bien sabido los aztecas tenían un espíritu de conquista que los llevó no sólo a una gran parte del territorio de mesoamérica, sino que también dejaron huella en cerros y volcanes que convirtieron en zonas de rituales y ceremonias, de los cuales son ejemplo; el Telapón, el Monte Tláloc, el cerro del Tepeyac, Cerro de la Estrella, así como los grandes volcanes Iztaccihuatl y el Popo, entre muchos otros, todos ellos con vestigios arqueológicos y arqueoastronómicos en sus faldas o cimas.
Para los Aztecas los cerros y montañas cercanas a la gran Tenochtitlan estaban vinculados a los puntos cardinales y de ahí surge la importancia y reverencia que tenían.


El Monte Tláloc fue el punto de peregrinación más grande de mesoamérica en época mexica, y funcionó también como observatorio astronómico o "tetzacualco"Ahí, se llevaron a cabo infinidad  de cómputos astronómicos y calendáricos como el que se realizaba entre el 7 y 11 de febrero que marcaba el inicio del año solar para los mexicas. Y aún es visitado en esos días pues el sol puede verse sobre las cimas del Pico de Orizaba (Citlaltéptl) y la Malinche (Matlalcuéyetl) lo cual da como resultado la aparición de una nueva montaña que en realidad no existe, es sólo un fenómeno óptico.

 El paisaje en ese lugar representaba al "Tlalocan" que es el paraíso donde habita Tláloc, y fue modificado por los aztecas así que alrededor del adoratorio hay restos de petrograbados en forma de anfibios, serpientes, tortugas, lagartos y ranas, además algunas oquedades en piedras, estructuras hechas con piedras y también algunas pozas.



Como dije anteriormente, en la cima estaba un centro ceremonial que representaba al Tlalocan lugar de donde provenía el agua necesaria para la vida. En el códice Borbónico el Monte Tláloc está cubierto con piel de lagarto y era la morada del dios de la lluvia y de su segunda esposa Chalchiuhtlicue, la diosa de las aguas dulces (ríos y lagos). 


Infortunadamente del edificio que estuvo ahí ya no quedan restos más que de la base del tetzacualco pues fue destruido por Zúmarraga y la conquista española, pero debió haber sido visto desde una gran distancia, pues era alto, estucado y colorido, también servía como fortaleza y al tener una vista de todo el valle les daba un punto estratégico para mantener estricta vigilancia sobre sus enemigos los tlaxcaltecas. 
El Monte Tláloc no ha dejado de ser un lugar de importante de peregrinaje y oración. El sincretismo que es muy común en nuestro país es visible en sus piedras y altares dedicados a Tláloc para que la lluvia llegue y ayude a todos los hombres y mujeres cuyas vidas y manutención depende de las cosechas en sus campos.


Estar en ese lugar en medio de la nada, rodeado de árboles, vegetación y acompañado por el "señor del trueno, la lluvia y los mantenimientos", contemplar las lejanas montañas que rodean todo la periferia, fue una experiencia muy chida. La tranquilidad sólo rota por los numerosos truenos, me hizo imaginar la vida en aquella época, la exuberancia de la naturaleza, aves, plantas, flores que ellos vieron, debió ser impresionante.


La oscuridad y la lluvia le dieron un aura mística a las montañas y rocas y también fueron indicadores de que tenía que salir de ahí antes de que muriera de hambre e hipotermia.
Sin embargo, no quería irme, quería estar ahí más tiempo... 



La conservación e investigación del lugar aún sigue y hay un campamento desde donde los arqueólogos analizan evidencia y estudian el lugar. Tal vez después sabremos más de éste y habrá exposiciones o más evidencia arqueológica en museos de la ciudad.


Mientras caminaba de regreso no pude evitar contemplar las rocas y paredes de la montaña misma que ha adoptado formas que algunas veces simulan rostros o personas. Igual y son los antiguos visitantes del lugar, que perduran para vigilarlo, cuidarlo y asegurarse de que la gente no olvide que ellos fueron ahí por una razón importante y esperan pacientemente, petrificados en la roca, el regreso a esta tierra que fue punto sagrado para ellos.




Tal vez algún día ellos vuelvan a este lugar sagrado, por lo pronto, empezaré a planear un viaje de regreso al Monte Tláloc, para disfrutar una vez más de su inigualable compañía en medio de la montaña.

3 comentarios:

Anónimo dijo...

Hola me podria proporcionar algun contacto de las cabañas??? Mucho le agradeceria

Oscar Barragán dijo...

Hola, infortunadamente no tengo la información de las cabañas. Lo siento.

miguel sanchez dijo...

en donde se ubican las cabañas saludos